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Agencias I 20/11/17 I

Gastronomía I

¿Por qué España es el único país donde se desayunan postres?

Uno de los pocos del mundo que unta dulce para empezar el día, ¿cuál es la razón?

El desayuno es, para la mayoría, la cita ineludible de la mañana con la que afrontar un largo de día de trabajo o escuela, pero solo 2 de cada 10 españoles desayuna de forma saludable. Buena parte lo asocia a la leche y cereales azucarados industriales desde que se pusieran de moda en EE UU a comienzos del siglo XX, en sustitución de la tradicional ingesta de carne, huevo, cereales cocidos y gachas.


Por pereza o por falta de tiempo o apetito, más de uno recurre a un bollo o a un batido de chocolate para cumplir la tradición matinal, sin saber que incurre no en un error, sino en dos: desayunar por obligación y hacerlo mal.


Aunque todos lo hemos escuchado, incluso de profesionales sanitarios, nadie sabe el origen de esa sentencia clásica, transmitida de generación en generación, que dice que el desayuno es la comida más importante del día. No pocos recuerdan la orden de padres o abuelos de no levantarse de la mesa antes de ir al colegio sin haber apurado el tazón de leche con cereales.


“Desde hace tiempo se nos ha inculcado desayunar. Como su nombre indica, es la ingesta que rompe el ayuno; después de haber estado horas sin comer por el sueño, nuestro cuerpo necesita energía. Es de sentido común, pero no hay ninguna evidencia de que sea así. Esta comida es igual de importante que cualquier otra, y es igual de relevante elegir bien los alimentos en el desayuno, merienda o cena. Incluso, si nos despertamos sin hambre es preferible no desayunar a optar por productos inadecuados solo por cubrir el expediente”, señala el nutricionista Daniel Ursúa.

 El desayuno es una oportunidad para promover buenos hábitos en los más pequeños, pero fisiológicamente no constituye la comida más importante del día ni es imprescindible para el rendimiento mental, es algo más costumbrista”.


Sin embargo, aunque la evidencia discuta la importancia del desayuno, otros expertos en nutrición como María Astudillo, especialista en elaborar dietas y directora de aleaDIETS (consulta dietética), aconsejan el desayuno como medida para distribuir de forma eficiente la energía y los nutrientes a lo largo del día.


“Lo ideal para que nuestro organismo trabaje de forma óptima y sin demasiado esfuerzo es repartir toda la energía y nutrientes de forma paulatina. Así, tras el ayuno nocturno, nuestros músculos y cerebro recibirán la dosis de nutrientes y energía necesarias para ponerse en marcha y trabajar a pleno rendimiento. Esta primera toma del día debería aportarnos en torno a un 18%-20% del total de la energía diaria que necesitamos”, indica la experta.


Lo que condiciona nuestra salud es el tipo de alimentos, no el número diario de comidas. El desayuno se relaciona con algunos beneficios, y además la mayoría de los españoles lo prefieren, así que no hay motivo para eliminarlo.


Para definir un desayuno saludable, urge indicar lo que hay que evitar, y dejar claro que por mucho que sea variado, no significa que sea saludable ni equilibrado. El modelo habitual en la dieta española, en el caso de los niños, suele estar formado por leche con cacao comercial altamente azucarado, cereales chocolateados o azucarados y un zumo, casero o comercial, cuando no bollería industrial.

También es habitual cambiar los cereales por galletas, que son bollería como un cruasán o una napolitana. En los adultos, suele estar presente un café con leche acompañado de una tostada de pan blanco con mantequilla y mermelada, o aceite y embutido en la opción salada. “En ambos casos, el desayuno habitual está compuesto por postres, pero de los desaconsejables. Por su arraigo, deberíamos empezar por desterrar los productos ultraprocesados y altamente azucarados. El desayuno saludable es aquel que no está compuesto por productos, sino por alimentos”.


Para muchos españoles, sobre todo en fin de semana o vacaciones, ese momento se presenta como la primera ocasión para transgredir el patrón de alimentación, advierte Astudillo: “La bollería se convierte en el desayuno ideal, cuando es lo contrario; incluso la casera, es una bomba de grasas y azúcares y, por tanto, de calorías. Una magdalena tradicional aporta cerca de 200 calorías; una rebanada de pan con tomate rallado son 60 y nos sacia más”.


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