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Por Sébastien Blanc Fotos: AFP I 13/06/17 I

Lifestyle I

Costosa seguridad

— Proteger a los Trump, una misión onerosa y agotadora

 Al dividir su tiempo entre Nueva York, Washington y su palacio en Florida, los miembros de la familia Trump someten a una dura prueba a los agentes encargados de su seguridad personal.


   Andar en caravanas de vehículos pesados con vidrios polarizados, brindar vigilancia de 24 horas en la Trump Tower de Manhattan, pasar los fines de semana a bordo del Boeing 747 Air Force One o procurar protección a los cinco hijos del mandatario: todo es parte de una vasta y compleja tarea cuya factura es confidencial y sumamente cara. 


   “Con un presidente que no encaja en el modelo típico del presidente de Estados Unidos, son necesarios más agentes”, dice James Reese, oficial retirado de las fuerzas especiales y experto en terrorismo. “Se necesitan planificar los descansos para mantener el nivel de alerta máximo”.


   La dispersión geográfica agrava las dificultades: la esposa de Donald Trump, Melania, continúa viviendo en el lujoso apartamento de la familia en Nueva York, con su hijo más pequeño, Barron.


   Este niño de 11 años se traslada todos los días a la escuela con una escolta del Servicio Secreto, la agencia federal que se encarga de la protección del presidente.


   Ivanka, la más conocida de las hijas del magnate, su marido Jared Kushner y sus tres niños viven en una despampanante residencia en Washington, vigilada día y noche. Cuando él o ella van a la Casa Blanca, convoyes motorizados del Servicio Secreto los siguen de cerca.


El Caribe, Dubái, Irlanda...

Eric y Don, los dos hijos del presidente que administran el imperio inmobiliario Trump, también están bajo protección del Servicio Secreto, incluso cuando se desplazan al extranjero, donde van acompañados de una cohorte de agentes de seguridad.


   Un simple viaje de negocios de Eric Trump en enero a Uruguay habría costado unos 100,000 dólares a los contribuyentes estadounidenses.


    Los dos hermanos inauguraron un hotel en Vancouver en febrero, junto a sus respectivas esposas y a su hermana Tiffany, y abrieron en Dubái un campo de golf. Poco antes, Eric Trump visitó un proyecto turístico en República Dominicana.


   En marzo, Don, Eric e Ivanka esquiaron en las montañas Rocosas, de Aspen, la estación del jet set estadounidense. Se estima que unos 100 agentes fueron movilizados en esa ocasión. 


   Según el Aspen Times, el Servicio Secreto alquiló equipamiento de esquí por 12,000 dólares para seguir a los Trump y sus hijos en las pistas. 


   El último viaje hasta la fecha de uno de los hijos del presidente, el realizado esta semana por Eric Trump a Dublín, le costó al Servicio Secreto 4,030 dólares en limusinas y 11,261 en alojamiento, según la cadena CBS. 


   Según el New York Times, el número de personas colocadas bajo responsabilidad de la agencia de élite aumentó en un 40 por ciento. 


   “Están completamente agotados”, dijo al diario el legislador Jason Chaffetz, mientras su colega Elijah Cummings evocó la imagen de “una bicicleta de la cual uno no se puede bajar” para hacer referencia a los agentes. 


   Según una reciente investigación, el Servicio Secreto se convirtió en la agencia federal menos atractiva. Sus responsables pidieron un presupuesto suplementario de 60 millones de dólares para el año próximo, pero no lo consiguieron. 

Galeria
Tiffany y su novio Ross Mechanic

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Donald Trump Jr.  con Donald III y  Chloe

Donald Trump Jr. con Donald III y Chloe

Eric y su esposa Lara

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Florida, no Camp

David Los agentes deben alquilar locales en la Torre Trump, sobre la Quinta Avenida, o carros de golf cuando el magnate presidente se halla en su palacio de Mar-aLago, en Florida. Desde que asumió el poder el 20 de enero, Trump pasó allí siete de los primeros 13 fines de semana transcurridos. 


   Para acceder a Mar-a-Lago, un edificio construido en la década de 1920 entre una laguna y el mar, se requiere una logística complicada, incluidos cortes de ruta en ejes viales importantes y muy frecuentados de Palm Beach. 


   “El principal desafío es el tamaño de este complejo, que no fue levantado según las normas utilizadas para proteger al presidente de Estados Unidos”, subraya Reese.


   El sitio está abierto al público, confirmó Douglas Smith, ex subsecretario  del Departamento de Seguridad Interior. 


   En Mar-a-Lago, el Servicio Secreto, respaldado por la policía local, moviliza a numeroso personal, mientras los guardacostas deben desplegar buques armados en ambas orillas.


   En comparación, la residencia oficial de vacaciones del presidente de Estados Unidos en Camp David, Maryland, “está aislada y es mucho más difícil de llegar a ella”, explicó.


   Ubicado en una región montañosa, Camp David es accesible por helicóptero desde la Casa Blanca, en un breve trayecto. 


   El Servicio Secreto no ha brindado datos sobre el costo de los fines de semana del presidente en Mar-aLago, pero hay que tomar en cuenta que en 2013 sólo un desplazamiento de Barack Obama a Palm Beach costó tres millones de dólares.


   Al respecto, las autoridades del estado de Florida también pidieron al presidente Trump que reembolse el costo de sus visitas a su residencia privada de Mara-Lago, en Palm Beach, o que deje de acudir. 


Galeria
Donald Trump III, Tristan Milos, Donald Trump Jr., Spencer Frederick, Chloe Sophia, Vanessa y Kai M.

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La residencia Mar-a -lago

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La heráldica familiar

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