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Por Anna Pelegri / Fotos: Martin Bureau I 13/06/17 I

Lifestyle I

Las plumas de Serkan Cura

Sensualidad, glamour y sutileza

15,000 plumas de aves del paraíso colocadas una por una sobre un vestido único. Se dice rápido, pero es fruto de 500 horas de trabajo a 14 manos. “Cuando me muera, será una prenda de museo”, afirma Serkan Cura, maestro belga de la “plumería”.


   En el pequeño taller parisino de este joven diseñador de alta costura, las posibilidades de la pluma, fina, ligera, pero resistente como un cabello, parecen declinarse al infinito. Las más bellas, como Heidi Klum, Laetitia Casta y los “ángeles” de Victoria’s Secret, han llamado a su puerta. 


   En el último desfile de la famosa marca de lencería, la modelo Karlie Kloss lució una deslumbrante capa de plumas decoradas con pan de oro. Está “valorada en 100,000 euros”, explica sin disimular su orgullo el que fuera diseñador de Jean Paul Gaultier.


   En su taller solo hay un par de mesas y cajones repletos de plumas y corsés. Para trabajar, necesita unas pinzas, una lupa y cola. El resto es imaginación, paciencia y anhelo de perfección.


   Pero todo empieza mucho antes, con la cría de aves, en una granja que Cura tiene en Francia poblada por unas 2,000 perdices, faisanes y pavos reales. Para recoger las plumas, debe atenerse a la ley y esperar a que se caigan solas, dos veces al año. 

“De la más fea, hago la más bella”

“Debido al sol, la lluvia, el barro, incluso a las peleas entre aves, las plumas no son perfectas cuando caen. Pero las lavo, tiño, destiño, recorto y hago con ellas lo que quiero”, afirma este diseñador de 35 años, hablando muy de prisa. 


   Antes de que se prohibiera arrancarlas, “se recogían plumas de aves fabulosas, se ponían sobre la cabeza y el resultado era maravilloso”. Pero “yo quiero demostrar que la pluma más fea puede ser la más bella gracias al trabajo”, dice.


   Se abastece igualmente de granjas sudafricanas, donde crían avestruces, pero se las arregla de muchas otras formas. “Tengo una amiga en España que todos los días me recoge plumas” caídas naturalmente. Y él mismo se pasea por los parques de París mirando fijamente el suelo. 


   Como en la agricultura, su “cosecha” depende cada año de muchas variables. Pero no conoce el desaliento.   A los 13 años confeccionó su primer vestido de novia con una “larga cola de plástico de burbujas”. “Más tarde, encontré una pluma de ave del paraíso y la empecé a trabajar”, comenta.

Galeria

Amberes, París... y Galicia

Nació en Bélgica, de madre turca, y como muchos otros grandes diseñadores –Dries Van Noten, Demna Gvasalia…– se formó en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes, adonde lo fue a buscar Jean Paul Gaultier. “Quería que empezara a trabajar antes de terminar los estudios, pero me negué”, recuerda.


   En 2007, llegó finalmente a París con un contrato de seis meses con la firma de lujo francesa, donde aprendió cada una de las facetas de la profesión de la moda.  


     Pero quería emprender su vuelo en solitario y cuatro años más tarde compró todas las existencias de plumas de aves del paraíso de una empresa a punto de cerrar y lanzó su propia marca.


   Serkan Cura multiplica los proyectos: se acaba de aliar con la marca francesa de vestidos de novia Cymbeline –cuyo presidente, Jean Philippe Lautraite, se refiere al belga como el “maestro”–, da clases en una escuela de artesanía de Galicia, al noroeste de España y con el poco tiempo libre que le queda confecciona prendas únicas que no venderá “jamás”, como el vestido corto y ceñido de aves del paraíso.


     Esta prenda, “valorada en un millón de euros” solo la prestó en una ocasión, a Miss Fame, una famosa drag queen estadounidense, que bailó con ella en un video. “Le iba al dedillo”, explica.


     ¿Por qué la pluma? “Se trata de sensualidad, glamour, una sutileza que hace que todo se vuelva mágico”, afirma con una sonrisa casi infantil. 


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