Tu Navegador esta des-actualizado, para que el sitio
funcione correctamente porfavor:

Actualiza tu navegador

×

Peninsula 3
Dólar — Compra: 18.98 Venta: 18.98 I Euro — Compra: 22.29 Venta: 22.30
MENÚ

Por Ileana Menéndez Cámara / Fotos: Tomás Cano I 31/08/17 I

País I

Javier Marín

— Expresión en volumen; del accidente al discurso conceptual

Una tarde nublada, un encuentro esperado…

   Llegamos al estudio del artista plástico en la colonia Roma de la Ciudad de México. Un espacio amplio con techos muy altos dando cabida a obras monumentales.

   Entrar ya es un privilegio, mirar con libertad  es un privilegio mayor.

   Con tiempo para inspeccionar, Tomás se desplaza, busca el sitio ideal para la entrevista, instala el equipo y comienza: estima, valora y  hace fotografías, atrapa luz y arte…

   Tiempo para observar piezas por todas partes, en las paredes, en los rincones; contemplar obras en plastilina, barro, madera, mármol; objetos de arte cortados, montados; descubrir pinturas, esculturas y dibujos; trabajos en producción… Percibir olores, mezclados y enriquecidos…

    Tiempo para apreciar y pertenecer…

    Llega Javier, el creador, el artista, de apariencia joven con rasgos y físico atractivo.




Es un gusto para PenínsulaTres estar aquí. Muchas gracias Javier.

Gracias por venir.

Javier, condúcenos por tus inicios, a tu primer contacto con el arte, tus influencias, tu niñez…

Lo que recuerdo, y como algo totalmente definitivo, fue la presencia de mi padre; ver a mi papá pintando, mi papá dibujando… Imagino que para él era la forma de escaparse de lo cotidiano, del mundo y de estar un poco con él mismo. Viví esa actividad como algo muy natural, de placer, de felicidad, de libertad, de no compromiso… Acabé buscando y haciendo algo parecido. 



¿Vive tu padre?

No, ya no vive… Tendría 90 y muchos años… Hace mucho tiempo que mis padres ya no viven. Él era arquitecto, Enrique Marín López, de la generación de Ramírez Vázquez. Yo soy el noveno de diez hermanos. En la casa, mi papá no usaba un lugar fijo para trabajar. Pintaba en la mesa del comedor,  en el patio de atrás –donde pudiera– se aparecía con su caja de óleos y sus acuarelas. Siempre había algo sobre la mesa, algún dibujo de mi papá o de alguno de mis hermanos, plastilina, colores…

   Había un despacho donde tenía el restirador con lápices, las reglas, maquetas… ¡Las maquetas me encantaban, jugábamos mucho con esas maquetas!



¿Les dejaba jugar con su trabajo?

Sí. Somos tres hermanos artistas profesionales que trabajamos y vivimos de esto. Algo muy definitivo fue la libertad en casa; se podía dibujar en todo, tocar, jugar con plastilina… Mi papá era el que ponía el mal ejemplo; recuerdo una vez en la que puso a modelar a mi hermana mayor y estaba pintando su retrato sobre la chimenea justamente en el muro, sin imaginar que detrás de él pasaba lo mismo: nosotros dibujando las paredes con carbones. Aquella casa era una locura, era un taller con todas las paredes pintadas. 


Galeria

Y tu mamá, ¿les dejaba en libertad “artística”?

Mi mamá podría haberse enojado algunas veces, pero yo no lo recuerdo. Supongo que terminó  siendo flexible, “doblando las manos”, como diciendo “hagan lo que quieran”. Debió ser difícil controlar a diez hijos, además de un papá artista.



¿Cómo fueron tus estudios?

Normal. Primaria, secundaria, prepa… siempre estuve encantado por el tema de las artes plásticas y los talleres que nos daban, aunque muy básicos, me encantaban.



Y los maestros, ¿se daban cuenta de tu destreza?, ¿te hablaban de tus habilidades?

Sí, sí, siempre… Y yo siempre sentí que servía para eso, que tenía algún talento, por lo que a la hora de escoger qué estudiar y a qué dedicarme profesionalmente, me puse a investigar y había una carrera en la UNAM, una Licenciatura en Artes Visuales, –¡Suena increíble, es lo que a mí me gusta!– pensé.

   Por supuesto que hubo quien me dijo: “Te vas a morir de hambre”, –No importa, ¡corro el riesgo!– “Puedo hacer otras ‘chambas’ mientras logro vivir justamente de lo que me gusta”…  Y en un futuro yo podría tener mi propio estudio y vender mi trabajo, vivir de eso… Pero en un futuro que yo veía lejanísimo.

  Todo mi desarrollo profesional transcurrió descubriendo por mí mismo de lo que yo era capaz, tratando de entender las reglas del juego, hacia dónde ir; entender lo que yo quería, investigando, experimentando y descubriendo… Y aquí estoy.



¿Qué circunstancias te acercaron a definir tus intereses, tus deseos por la plástica? Hacia dónde dirigirte… ¿Pintura?

Fíjate que no tuve maestro de pintura en la escuela. Me gusta todo. Entré a un buen taller de escultura y eso me definió un poquito como escultor, aunque todas mis expresiones son de pintura. También me encanta el trabajo de composición, el trabajo con el color y los efectos que se pueden hacer en dos dimensiones. En pintura juego muchísimo con los colores, soy muy libre, no tengo escuela, hago lo que se me ocurre, todo es una suerte de  experimento y de aventura con el color. 

Galeria

¿Tuviste algún maestro o mentor que te ayudara a traducir o a descorrer el telón en tu búsqueda artística?

En color sí. En la escuela tenía una clase básica, teoría del color, era algo como educación visual, cuestiones muy elementales que tenían que ver con el color y composición. Fue importante, me dejó una pregunta abierta, o muchas; a partir de ahí yo comencé a investigar y a correr mi propia aventura por la pintura, aunque duró muy poco: Descubrí la escultura.

   Entre otras circunstancias, me lastimé la espalda, tuve una contractura; tenía muchos compromisos de pintura, de escultura, hacía diseño de vestuario; así que pensé: “Me la voy a llevar leve, una sola cosa a la vez”. Según calculé –por cierto muy mal cálculo– cada año iba a realizar una disciplina diferente. Así, comencé con la escultura y hasta la fecha sigo.

    Más de treinta años de estar haciendo lo que me gusta, de hacer mi trabajo y vivir de él.



   Hace justamente dos años celebré treinta de carrera como escultor, con una exposición muy exitosa en la Ciudad de México en el Antiguo Colegio de San Ildefonso y en el Palacio de Iturbide. Una panorámica de todo mi trabajo, un recorrido por todas las técnicas. Yo empecé usando solo barro, y en esta muestra se incluye un poco de todo: resina, bronce, madera; ¡fue increíble, muy bueno! Un resumen de mi historia como artista plástico.



¿Con qué materiales trabajas?, ¿con cuáles te sientes más cómodo? ¿Qué cambios has experimentado?

Empecé usando barro porque era lo más barato, también era lo más fácil… y ¡me enamoré del barro!, me gusta cómo huele y es fantástico; cuando lo toco me gusta su temperatura, su humedad… ¡Me encanta el barro! Creo que es lo más parecido a la piel o a la materia de la que estamos hechos; de ahí el mito de que “el hombre está hecho de barro”. Además, yo no tenía un quinto y con este material no necesitaba gran cosa, lo modelaba yo solo, lo metía al horno y listo. Así me quedé en el barro un buen rato, experimentado mucho con las  formas y el color; estaba fascinado y enamorado del barro, trabajando  y probando con formatos grandes.

Galeria

¿Dejaste la pintura?, ¿pintabas de vez en cuando?

Dejé casi por completo la pintura. Sí. Ya no pintaba, llegó un punto en el que dejé de pintar.



¿Por falta de tiempo o por fascinación por el volumen?

Fue por fascinación por el volumen, además que tuve una transición suave. Yo seguía pintando sobre la escultura. Todas mis esculturas de esa época están llenas de color, llenas de cosas, hay dibujo y hay color sobre la piedra. Así que experimenté una transición de más a menos, hasta que me quedé con el volumen, en barro. Después comencé a experimentar con el bronce.

   Alguien tuvo a bien decirme que yo no probara con otro material, porque “lo mío, lo mío, era el barro y que yo para eso era buenísimo”.

   ¡Imagínate! Eso fue algo terrible para mí y acto seguido, como por obra del destino, cambié de material y empecé a investigar con el bronce... ¡Me encantó! y me involucré mucho en el proceso.

   Comencé a entenderlo y a quitarme prejuicios y a distanciarme de esa percepción con la que yo veía al bronce, –¡algo verdaderamente horrible!– pensaba en estos bronces verdes brillosos, pulidos, que sinceramente no me gustan. Me concentré más en los procesos y me di cuenta que  tenían mucho que ver con lo que yo quería hacer… empezó a salir este bronce sucio, aparentemente sin terminar; este bronce donde se ve la mano de los que colaboran.


Toda la gente que trabaja en una obra deja de alguna manera su huella, y yo no la cubro, la dejo evidente.

   A partir de esta búsqueda, de esta investigación que tiene que ver con la técnica y con el material, comenzó también a definirse de una manera interesante la parte conceptual. Se volvió una constante dejar a la vista el trabajo de los que colaboran conmigo. Me parece muy valioso, me parece que es una, y a la vez son muchas personas que se suman, muchas cabezas, muchas manos se unen a mi trabajo, ¡y eso me encanta!, porque además de justo, es bello y es muy rico.



Dejar una huella, una firma, una historia, una identidad, un ADN en tu obra...

Sí. Es una firma, una historia; incluir  temas que se vuelven constantes en mi trabajo. Como el accidente en cerámica. Soy muy mal técnico y empecé a encontrarle el gusto al accidente. Incluso comencé a provocar los accidentes y no nada más eso, sino que los dejaba a la vista. Me encanta meter una pieza al horno y no tener la certeza de qué va a suceder. Salieron cosas rarísimas, piezas rotas que dejé sostenidas con una grapa metálica… 


   Y todo comenzó a redondear el discurso conceptual: El ser humano fragmentado, que exhibe su propia historia y fragilidad; el ser humano como una clase colectiva; el ser humano que existe por sí solo, porque existe también a partir de los otros, social, como parte de una comunidad… descubrimientos a partir de soluciones técnicas o de los procesos con materiales. Eso me gustó mucho.

  Esas partes “inesperadas”, imperfecciones que suceden, te van construyendo y te vuelven “perfecto”.

  La exposición que estoy preparando se llama: “Zonas Oscuras”, justamente sobre esas partes que no se tienen calculadas, que no se logran entender, pero que al final te construyen y te completan. No serías quien eres si no tuvieras esas zonas oscuras, esas zonas que no controlas por ti mismo…

    Estoy haciendo una serie de pinturas en las que trato de reconocer las partes que no puedo resolver a nivel de color, a nivel de composición; entonces, en vez de disfrazarlas, “doblo las manos” y lo que hago es poner un parche negro encima, como diciendo: “Esto aún no está resuelto”. Es muy interesante. Al final, estos parches acaban completando el trabajo y a mi parecer, dejándolo “perfecto”.

   Es una manera de reconocer las partes en las que no eres bueno. Las “zonas oscuras”, que tienen que ver con esta búsqueda desde el principio y que con el material, a partir de cuestiones técnicas, se construye un discurso conceptual. 


Galeria

¿Cómo vas desenvolviéndote y transitando por el material? Primero barro, luego bronce... ¿Después?

Primero barro, luego bronce y después comencé a integrar la resina como consecuencia de procesos. Al hacer mis ediciones en bronce, sacaba una copia para mí en resina porque es más barato y más fácil de almacenar. Se me ocurrió hacer algo, construir a partir de eso. El que la resina fuera el material definitivo era demasiado limpio y demasiado perfecto, y eso tan perfecto ya no me gustó.

    Si un material sintético e impecable lo mezclas con materiales orgánicos como semillas de amaranto, y hasta con carne seca, podría parecer una locura, pero al final suceden cosas que a mí me encantan; eventos inesperados, un trabajo más completo.

   Poniendo los materiales a dialogar y dejándolos ser protagonistas importantes. El diálogo o el conflicto entre ellos, al final forma parte de la obra.

  En esas ando…

  Parece que todo este camino está dando la vuelta y estoy regresando a la obra bidimensional. El estar cortando piezas e investigando qué hay dentro, observando el hueco, la marca que deja la silueta, la sombra… Esa consecuencia del volumen, hasta llegar a una obra bidimensional. ¡Estoy fascinado!

   Comencé con la idea de retomar la pintura donde la dejé, –intenté pintar de nuevo hace como veinte o veinticinco años– y por otro lado, mis propias investigaciones me llevaron a esta obra totalmente abstracta y muy interesante. Veo el contexto de toda la evolución de mi trabajo, cómo da la vuelta. Todo lo que era volumen y absolutamente figurativo ahora se vuelve bidimensional. Estoy feliz de la vida haciendo varias series, integrando y  experimentando con procesos fotográficos tratando de entender esto…




Das nueva vida a una escultura. Fotografías un volumen y al pintar sobre esta imagen cambias la dimensión de la obra... ¿Como el ejemplo que tenemos detrás de nosotros?

Sí. Yo no trabajo con modelos vivos. No me gusta. Se me ocurrió pensar cómo serían mis modelos si existieran… El ejercicio es a partir de una fotografía a una escultura, intentando darle vida. Comencé a pintar encima, buscando que el ojo se viera vivo, que la pestaña tuviera volumen, que el pelo pareciera pelo y así acercarme a lo que sería un modelo vivo que habría dado origen a la escultura… algo muy interesante y muy enriquecedor para mí.




¿Qué hay detrás de tus formas, de tus figuras? ¿Qué pretendes manifestar? Son emociones, experiencias, ¿vivencias de Javier Marín?

No hay una pretensión, no hay una intención clara para comunicar o expresar. Detrás de este quehacer, hay un intento por entenderme a mí mismo. Son mis reflejos. Sacar lo que hay dentro y convertirlo en un volumen, de tal modo que me pueda sentar enfrente y dialogar… y así entender a ese otro yo que me dice muchas cosas que yo no sé de mí mismo. Entender quién soy. Quién soy yo, no nada más como ser individual, sino a partir de mi propia experiencia, entender mi contexto a nivel humanidad; quiénes somos, qué hacemos, qué nos preocupa, cómo nos vemos, a dónde vamos…




¿Trabajas con emociones o por disciplina?

Principalmente con emociones, pero soy muy disciplinado. Desde que recuerdo trabajo todos los días, con horarios muy definidos. Me gusta.




¿Tienes períodos de frustración creativa?

No existen, más bien me falta vida. Si tuviera que pedir algo, no serían ideas, sería tiempo para llevarlas a cabo y realizarlas. Me encantaría poder darle tres vueltas a la vida.




¿Dónde exploras para obtener y avanzar en tu riqueza emocional creativa?

¡Vivo!, ¡vivo todos los días!, ¡vivo tres vidas también! Los temas que no me gustan son mis zonas oscuras y son las que completan mi Javier. 




¿Cómo recibes la interpretación de otros cuando te encuentras con “lo que el autor quiso decir”?

Es una trampa del que se para enfrente de una obra de arte. Es trampa porque justamente está ahí, como un espejo; ¿viajar hacia adentro y no saber qué es lo que quiere decir? ¿Qué es lo que me da? Yo sé qué me motivó, pero lo que espero es que quien vea, aporte.  Aporte un poco de sí sobre mi escultura y me encanta cuando quien se pone enfrente, lee, interpreta, siente y establece un diálogo. Esto para mí es muy enriquecedor.



¿Con qué materiales trabajas y experimentas ahora? 

Hay una obra de mármol aquí en el taller que me parece extraordinaria, habría que dejarla salir… Estoy empezando a hacer cosas con madera, –¡es un material fantástico!– y con piedra… Trabajando con las manos de un robot; me encanta la idea de que varias de estas piezas, entre ellas la que tú dices, estén hechas en parte por un robot, en parte por artesanos especializados y en parte por mí. Una colaboración de todos. Muy interesante.



¿Qué quieres dejar como legado cuando la vida te falte?

Hay algo que me causa conflicto: Imaginar que cuando yo muera, mis cosas se vayan a la basura. Obras que son producto de una vida, de investigación y de trabajo. Me inquieta ver cómo desparece el trabajo de excelentes artistas cuando mueren; nadie les da seguimiento, su legado no trasciende; injustamente, porque a otras generaciones les serviría, les aportaría algo. Sucede que las cosas no están organizadas de la manera correcta y al morir todo se va a la basura… me parece un desperdicio en todos los sentidos.


Fundación Javier Marín

De esta preocupación surge crear la Fundación Javier Marín; para darle continuidad a mi obra artística y también a mi obra social. Hay algo que es una constante: Siempre me ha gustado estar si me necesitan. Pensando un poco en eso, se me ocurrió hacer la fundación  que atiende los temas que a mí me parecen importantes. Temas que han dejado huella en mi propia historia… 

 El camino al mundo profesional después de la escuela es complicadísimo. Por más clases que se hayan tomado, por más preparado que estés, de pronto te encuentras en medio de la nada y no sabes por dónde empezar. La fundación apoya a los artistas emergentes en el trance de volverse profesionales, así como mantiene mi obra más o menos protegida y cuidada. Hace dos años que empezamos y estamos haciendo muchas cosas. Tenemos un proyecto editorial encaminado a esta profesionalización. Empezamos con una serie de manuales que tocan temas que la escuela no enseña. Preguntas y respuestas recurrentes que toma mucho tiempo aprender.

      Otro programa con mucho éxito se llama Encuentros. Se trata de acercar a los profesionales del arte –un curador, un galerista, un coleccionista, un especialista en derechos de autor– con artistas que apenas comienzan. Traemos a los más picudos y los sentamos con un grupo a que platiquen, pregunten, respondan, aconsejen… El resultado es muy valioso. A mí me hubiese gustado que me sucediera. Echar abajo el mito del “artista egoísta”, que no revela sus secretos. Me ha sorprendido en muchos sentidos, no ha habido un solo especialista del mundo del arte a quien le hayamos pedido su tiempo y no nos lo haya dado. Estamos tratando de crear una comunidad más sólida.



¿Cómo acceder a esta información?

Por internet: Fundación Javier Marín. Tenemos un sitio muy completo, incluso está ahí un proyecto que todavía no arranca formalmente. Un programa de residencia artística en Yucatán, un espacio que tengo en el Plantel Matilde, metido en la selva, en una comunidad que quedó como resultado de haciendas que desaparecieron.



¿Por qué escoges Yucatán para este proyecto del Plantel Matilde?

La idea de tener un lugar a dónde salir huyendo  cuando ya no puedo más –con este amor que  mata, que es la Ciudad de México– y respirar un poco de aire.    Por distintas circunstancias y siguiendo un poco los pasos de Jorge, mi hermano, redescubrí la riqueza y el tesoro que significa Yucatán: ¡Es una maravilla! Y me quedé… ¡Ya soy yucateco, ya somos paisanos!



Retrocediendo un poco… ¿Cómo darle el valor de compra a una obra?

Es muy difícil, es algo que yo he sufrido bastante ¡Es horrible! Es complicado, y uno de mis primeros objetivos era dejar este quehacer en manos expertas. Suena raro, pero no sé cuánto cuesta mi trabajo. Así que hay “alguien” que le pone precio, que decide cuánto vale y cuándo debe subir; gente que se dedica a comercializarlo. Yo soy malísimo para eso.


Galeria

¿Qué planes tienes para el futuro?

¡Uff, mil cosas! Estoy preparando tres exposiciones para septiembre y octubre: una en la Ciudad de México con la galería con la que trabajo, Terreno Baldío, a partir de mi obra bidimensional; Otra en Parma, Italia, en un espacio muy lindo de Franco María Ricci; y la tercera en mi pueblo, Uruapan, que tanto quiero y amo. Estoy regresando a mi tierra, hay un espacio cultural fantástico: La Fábrica de San Pedro, ahí voy a hacer una exposición individual en grande de “Zonas Oscuras”. Todo eso me tiene totalmente enloquecido de trabajo de aquí a fin de año… y luego veremos qué pasa para el año próximo.



¿Algo más que quieras agregar?

Que es importante que la gente venga a las exposiciones de arte. Son un esfuerzo gigante, cuestan mucho y en muchos sentidos. Están para que la gente las vea, para reflexionar y disfrutar, y cuando no sucede es triste.


¡Disfrutemos lo que es para nosotros!



Aquella tarde nublada desencadena intensa y ruidosa, interrumpe…

Artista visual con amplia y sólida trayectoria. Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas en México y por el mundo.

Premios, reconocimientos…

Colecciones de arte público lo incluyen, coleccionistas privados lo atesoran.

Exploración continua…

Marca propia, identidad, confrontación del ser, diálogo con materia, contraste y emoción; expresión en volumen, traducción en hombre:

Javier Marín. 

Galeria
Galeria