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Peninsula 3
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Por Rodolfo Menéndez Menéndez* I 01/09/17 I

Península I

A 500 años del descubrimiento de Yucatán

La expedición de Francisco Hernández de Córdoba

Francisco Hernández de Córdoba, nacido en Córdoba, España, en 1427 y fallecido en Sancti Spíritus, Cuba, en 1517, fue un explorador y conquistador español que pasó a la historia por la expedición que dirigió entre febrero y mayo de 1517, durante la cual quedó registrada por el imperio español, entonces forjándose lo que denominaron “el descubrimiento de la península de Yucatán”.


     Vale aquí citar a nuestro querido amigo ya fallecido Michel Antochiw Kolpa, historiador y cartógrafo, quien en su Historia Cartográfica de la Península de Yucatán señala y sustenta cartográficamente: “...  Existe la posibilidad de que Yucatán haya sido visitado por lo menos dos veces antes de su “descubrimiento”, ambas por navegantes portugueses; la primera vez desde el norte, la segunda desde el sur...”. Hay que decir también que la propia enciclopedia “Yucatán en el tiempo”, en el artículo correspondiente a “Historiadores de Yucatán” indica que “... todavía persisten dudas sobre la fecha real y la identidad del autor del descubrimiento (de Yucatán), ya que el mapa más antiguo en que aparece Yucatán data de 1513, cuatro años antes del viaje de Hernández de Córdoba”. Más aún, desde 1511 había naufragado un barco de la flota de Diego de Nicuesa, que regresaba a La Española y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse. En efecto, en el momento en que los compañeros de Hernández avistaron y nombraron a El gran Cairo, en la costa yucateca, muy cerca de Cabo Catoche, dos de esos náufragos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, vivían ya en la región del Mayab, hablaban la lengua maya de la zona, y el segundo incluso gobernaba una comunidad indígena.

   Ahora bien, nada de lo anterior quita mérito al “descubrimiento” (lo sigo entrecomillando) de Hernández de Córdoba, por cuanto que en relación con los portugueses, aunque se acepte que avistaron las tierras del Mayab, ellos no registraron historiográficamente el evento, ni allanaron el camino para el reclamo de nuevas tierras, como sí lo hicieron los europeos que siguieron los pasos de Hernández de Córdoba, hasta lograr la conquista territorial que marcó la historia. Y con respecto a los náufragos, pues eso fueron: náufragos que llegaron al Mayab por accidente, sin voluntad de hacerlo. Es decir, su “descubrimiento” hubiera quedado en el olvido de no haber sido rescatado por lo menos uno de ellos, ya años después y por el mismísimo Hernán Cortés:  Jerónimo de Aguilar, en 1519. 


                                                                                                                                     

    Estamos conmemorando pues el quinto centenario del “descubrimiento” de la península de Yucatán, hoy territorio de México y morada nuestra. El hecho va mucho más allá de unas cuantas líneas que aquí́ escribimos a manera de recordatorio histórico y sin entrar en los vericuetos de un viaje épico que merece un relato con muchos más afluentes porque se trata de un suceso histórico clave para el devenir de la región y de nuestras propias vidas. 


  Culmino el relato conmemorativo recordando también que esta expedición fue encargada a Hernández de Córdoba por Diego Velázquez de Cuéllar, el entonces gobernador de Cuba, con el propósito ulterior, según Bernal Díaz del Castillo – testigo presencial–, de “conseguir indios” para que trabajaran en las propiedades de los españoles que ya vivían en la isla. 



   Finalmente, la expedición le costó la vida a Hernández de Córdoba,  quien falleció́ a los pocos días de regresar a Cuba el mismo año de 1517, como consecuencia del propio viaje ya que fue herido con flecha por los “indios mayas” –los mismos que había venido a buscar para esclavizarlos en Potonchán (Champotón)–, en la escaramuza (que no batalla) llamada por los perdedores como “la mala pelea”. Durante el viaje de retorno, que se hizo con escala (por la sed) en la Florida, su salud quedó muy deteriorada, sobreviniendo poco después, al arribar a Cuba, el desenlace fatal. Irónico, sí, que el viaje que lo hizo inmortal ante la historia fue el mismo que le quitó la vida. 


                                                                                                                                                 *Historiador

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La expedición de Francisco Hernández de Córdoba

La expedición de Francisco Hernández de Córdoba