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Peninsula 3
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Por Ileana Menéndez Cámara / Fotos: José Cortazar N./AFP / Video: Angelo Herrera Rojas / Edición de video: Tomás Cano. I 17/01/18 I

Península I

José Carreras

Pasión y gozo en una voz inmortal

Con un magno concierto, la Secretaría de Cultura del Estado de Campeche (Secult) clausura los festejos por el V centenario del encuentro de dos culturas (1517-2017 México-Campeche-España). 


   La ciudad amurallada, una vez más, es testigo y escenario de un evento magnífico, un regalo extraordinario que ofreció el gobierno de Campeche, que encabeza Alejandro Moreno Cárdenas. Acontecimiento que se vivió con orden y eficaz organización.


   Como marco escénico, la belleza de la catedral y un centro histórico hermoso, digno, engalanado para la ocasión… 


   Un grande de grandes, el tenor español José Carreras, acompañado de la soprano Leticia de Altamirano y por la Orquesta Sinfónica de Campeche bajo la conducción del director invitado David Giménez Carreras; un acertado logro de Elisa Wagner, ICP. 


   Una noche mágica, inolvidable, una luna llena magnífica, pareciera invitada especial para iluminar el escenario de tan ilustre personaje. 


   Su voz resonó y cautivó con música de todos los tiempos: Georges Bizet, Francesco Paolo Tosti, Charles Gounod, Léo Delibes, entre otros; llegó al nuevo continente con Carlos Gardel, y por supuesto no podían faltar los nuestros: Agustín Lara y Armando Manzanero, con cuyas letras conmovió a una audiencia que ovacionó de pie al tenor pidiéndole con palmas el encore.


   Fuegos al cielo incendiaron las emociones vividas y abrazaron al público para un aplaudido cierre por tan espléndido espectáculo.  



Y el gran privilegio: una plática con PenínsulaTres. 

   San Francisco de Campeche, hermosa ciudad para un encuentro amable con un grande: José Carreras.

    Comenzó por remontarnos a su infancia, a ese pequeño José con siete años… ¿Quién lo ayudó?, ¿quién lo condujo de la mano hasta el conservatorio a tan temprana edad?

Sí. Era un niño… Fueron mis padres, afortunadamente. Yo tenía un cierto interés, un cierto instinto y ellos se dieron cuenta que quizá valía la pena que ese instinto y ese interés por la música y por el canto se canalizaran. Me enviaron al Conservatorio Municipal de Música de Barcelona, en mi ciudad. Ahí comencé a estudiar piano y solfeo, pero siempre con la idea de cantar, de algún día tener la posibilidad y la suerte de convertirme en un cantante de ópera.          Mis padres nunca quisieron que me convirtiera en un niño prodigio. Si algún día yo iba a ser un cantante profesional, teníamos que seguir una serie de pasos que nos guiaran al objetivo. 


   Uno de los porqués de esta pasión mía por el canto desde tan temprana edad ocurrió cuando mis padres me llevaron a ver una película que se ponía en el cine del barrio donde vivíamos, era un domingo por la tarde… El gran Caruso, protagonizada por Mario Lanza.

     Fue algo puramente casual. Me di cuenta que Lanza era un cantante de gran carisma y personalidad con una magnífica voz… Todo aquello despertó en mi ese instinto que llevaba por la música. No había cumplido siete años… 


Un momento realmente inspirador…

Continué con los estudios normales para un muchacho de mi edad y al mismo tiempo estudiaba música en el Conservatorio. También, como yo quería cantar, iba a la casa de una profesora particular.

    Mi vida transcurría normal; me gustaban todos los deportes aunque era un gran aficionado al futbol y lo jugaba con mis compañeros, llevando la vida de un chico común acorde a mi edad. 


¿En qué momento ocurre un cambio hacia algo más profundo, más profesional?

Bueno, el cambio de voz en todos los varones sucede a los 13 ó 14 años, es el momento clave. Si la voz cambia a una que permite continuar cantando ópera, o si ésta modificación no tiene nada que ver con entonar una composición. Yo tuve la suerte de que mi voz continuara siendo adecuada para permitirme proseguir en los estudios y esperar a ver lo que ocurriría en el futuro. 


    Al mismo tiempo, mis padres, siendo catalanes, y entre otras cosas muy pragmáticos, pensaban que debía tener una profesión “seria”; por lo que llegado el momento me matriculé en la Universidad de Barcelona y comencé mi primer año de química… ¿Por qué química?... Mis hermanos y mi cuñado habían comenzado, hacía un par de años, una empresa de cosméticos y artículos de peluquería; pensé que con los estudios de química, nos podía ir muy bien.


   Independientemente de esto, llega un momento a los 20 años, en el que tengo que decidir si continuar con la química o bien probar ser un cantante de verdad. Y con esto quiero decir, estudiar ocho o diez horas al día música, ópera e impostación de la voz (fijar la voz en las cuerdas vocales para emitir el sonido sin vacilaciones ni temblores).

   Y bueno, tuve la suerte de que las cosas se presentaran favorablemente.


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El maestro Carreras bajo la conducción de David Giménez Carreras

El maestro Carreras bajo la conducción de David Giménez Carreras

Entonces, deja la carrera de química y se enfoca en la de ser cantante… ¿Cómo transcurre ese tiempo?

Bueno, en los siguientes años hago una audición en el Gran Teatro Liceo de Barcelona y tengo la fortuna de que me contraten para un par de papeles; un pequeño rol en Norma, donde tengo la oportunidad de conocer a Montserrat Caballé, y el otro en Nabucco. Digamos que ahí empezó mi vida profesional.

     Ese mismo año voy a Parma y me presento en un concurso de canto gregoriano el cual tengo la suerte de ganar y esto me permite debutar con Verdi a los 24 años. 


Muy joven… ¿Hubo un tránsito por los compositores belcantistas: Rossini, Bellini, 

Donizetti…  antes de llegar a Verdi?

Depende del tipo de voz, del tipo de temperamento de cada individuo.

    Evidentemente hay una escala por la que un joven tenor tendría que empezar: Rossini, Donizetti, algo de Mozart; poco a poco, pero esto depende de la voz de quien canta demasiado “ligero”, demasiado lírico; tampoco para la emisión de la voz es ideal adelantarse…

Sin embargo, yo empecé cantando a Verdi, alguna ópera de Bellini… Y en 1973, debuto en San Francisco; en el 74, en el Covent Garden, en la ópera de Viena y en el Metropolitan; en 1975, en la Scala de Milán; a finales de 1970 había debutado en Barcelona. En cuatro años tuve la suerte de poder cantar en los más grandes e importantes teatros de ópera. 


Suerte de tener esa voz…

Bueno, la suerte también cuenta. Decía Picasso: “La suerte para los artistas evidentemente es muy importante, pero cuando te llegue, que te encuentre trabajando”… ¡Y no puedo estar más de acuerdo!


¿Desde pequeño tuvo el gusto hacia la ópera?, ¿o comenzó por otro género musical?…


Principalmente ópera.

   En casa cantaba Otelo de Verdi; soy un poco atípico, en ese sentido yo no seguía el modelo normal. Sí, mi voz me lo ha permitido. 

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En escena, acompañado de la soprano Leticia de Altamirano

En escena, acompañado de la soprano Leticia de Altamirano

Siempre hay compositores que uno ama más… ¿Con cuál  se siente más cómodo?

Creo que la ópera no sería lo que es sin Verdi. Ahora bien, si hablo de mis características vocales, Puccini y Verdi. También he cantado autores belcantistas como Bellini y Donizetti. Y si hablamos de ópera en francés, me ha costado mucho cantar a Bizet y a Massenet.


¿Dificultades con los idiomas?, ¿cuántos idiomas habla?, ¿en cuántos canta?

Para los idiomas se necesita un poquito de oído musical… ¡y claro! Al tenor se le supone oído musical como a los soldados del ejército español se les supone valentía. 


Sin embargo, también se requiere tener memoria... ¿Cuántos idiomas habla?

Hablar bien hasta un cierto límite, seis.

    Nosotros los catalanes somos bilingües, hablamos catalán y español. El catalán no es un dialecto. En las universidades de Cataluña, en las facultades de medicina, arquitectura, ingeniería; se aprende catalán única y exclusivamente. Es un idioma serio.

      El italiano es para nosotros un poco más fácil; el francés lo tenemos a 150 kilómetros de la frontera, es un idioma que aprendí de niño, en la escuela. En esa época el inglés contaba poco, en Europa comenzó a tener importancia a partir de los años 60.  Y el alemán es el que más trabajo me cuesta… tengo que reconocerlo.  


Regresando a la importancia de la memoria en un cantante… Cuando están en el escenario y bajan la mirada, ¿qué miran?, ¿la partitura?, o la letra…

 Las dos cosas.


La expresión del cantante cambia cuando miran la letra o la partitura… En cambio cuando ven hacia su público, transmiten con el rostro, con las manos… el sentimiento se manifiesta…

Estoy de acuerdo. Uno puede transmitir más libremente cuando el repertorio es el habitual. Puede haber alguna circunstancia que lo impida, pero es casi una obligación del cantante no tener el papel delante.

   En el caso por ejemplo de un oratorio, al cantante se le puede permitir cantar con la partitura, incluso en el caso de uno de los más reconocidos, famosos y ejecutados como la misa de Réquiem de Verdi.

   Los cantantes contamos con que la música te lleva al texto y el texto te lleva a la música. Es como cuando escuchas una canción por la radio y gran parte se te queda, sin haber leído la letra ni la partitura.

     En cuanto a memoria, admiro a los actores de teatro, de prosa, ellos sí tienen que aprender sus textos.  


¿Qué opina sobre cantar otros géneros musicales que le permitan al tenor acercarse hacia un público popular?

Voy a ser muy claro con esto. Si se canta bien, me parece perfecto. Se tiene que cantar en el estilo adecuado. Un tenor que canta por decir, una canción ranchera, o una balada, o música pop; no debería sonar como un tenor. Debe adaptarse al estilo que canta y eso, lógicamente, es difícil conseguirlo. De otra manera estaría adulterando lo que pide el compositor. 


Un tenor que combina su repertorio clásico con algo popular en un evento masivo, acerca a un público diverso con el mundo de la ópera, permitiéndole abrirse y experimentar otro género musical antes desconocido. De alguna manera ese fue el éxito de Los Tres Tenores…

Evidentemente, estoy muy seguro de que es positivo.

    Los Tres Tenores tuvieron un gran éxito. Independientemente de lo que hacíamos individualmente, desde mi modesto punto de vista, lo que verdaderamente gustó más al público fueron esos “popurrís” que hicimos con una gran cantidad de canciones populares, y que al combinarlos con repertorio clásico, permitieron acercar la música de ópera a un público más heterogéneo.

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¿Cómo surgieron los Tres Tenores?, ¿de quién fue la idea?

Bueno, dejemos de lado de quién fue la idea… Lo importante es que sucedió.

      En un momento determinado,  yo sufría de una enfermedad… difícil. En ocasión del Mundial de futbol Italia 90, nos ofrecieron hacer un concierto con varios cantantes, barítonos y sopranos, un maratón de grandes voces… Y hablé con mis compañeros… “¿Por qué no hacer algo más exclusivo?, creo que podría ser más interesante para un gran público tener a tres tenores”. En aquel momento, nosotros éramos, no digo los mejores, pero sí probablemente los más populares. Así que hablamos los tres, y decidimos hacer este concierto, en principio único y exclusivo para el evento de soccer. Pero el niño se hizo mayor…


Fue un gran regalo para un público deportivo, un público que esperaba un show, un público que quedó maravillado, y que despertó a otras sensaciones y emociones, esas que nos da la música cuando además nos llega por medio de grandes voces.

Yo tengo que decírselo muy sinceramente: el regalo fue para nosotros.

    El grado de implicación que tuvimos con este primer concierto; el grado de ilusión, de pasión… De verdad fue extraordinario.

     Nosotros tres ya antes teníamos una buena relación, pero “esto” de Los Tres Tenores, hizo que se convirtiera con el tiempo en una gran amistad. Y además, ¿por qué no decirlo? ¡nos divertíamos muchísimo en el escenario!  No hace falta decir que había una competencia sana. Cada uno de nosotros quería dar lo mejor de sí mismo.


¿Cómo escogían el repertorio?

¡Esas eran las mejores sesiones!  Bueno,  la gente pensaría que era complicado, pero la realidad era simple… “Luciano, ¿tú qué vas a cantar?” –Pues esto. Y Plácido: –Pues yo quisiera... Todo se daba con una gran sencillez, con una  gran naturalidad, con ganas de ayudarse el uno al otro. En verdad ¡fue fantástico!

   Tres personalidades distintas, tres diferentes tipos de voz, tres maneras de sentir la música y de interpretarla; pero eso en el escenario “amarraba” y creaba una química que llegaba al público, llegaba a la audiencia y creo sinceramente que ha sido el éxito de nuestra esencia... Desgraciadamente, Luciano ya no está con nosotros…


¿Cuánto duró la relación profesional como Los Tres Tenores?

De Italia 90, hasta el último concierto que estuvimos juntos en Estados Unidos en el 2004. Habremos cantado un máximo de 30 conciertos. Al final, Luciano ya estaba muy mal y no podía venir… 


¿Cómo sentir un aria que se ha cantado tantas y tantas veces?

No la podemos cantar igual dos veces. Cuenta mucho cómo te sientes , tu estado físico… Nosotros dependemos de nuestras cuerdas vocales. ¡Y son tantas cosas que pueden afectar nuestro instrumento!  


Dos funciones continuas, en un mismo escenario, con un público muy similar… Y sin embargo, algo en la magia cambia y hace entre una y otra presentación una noche diferente…

Estoy de acuerdo, pero hasta cierto punto, porque en dos funciones de la misma ópera con tres días de distancia, un mismo tenor canta “Don José” muy bien , ¡pero depende de tantos factores! Este señor, más o menos cree cómo quiere cantar al personaje, pero hay un director de orquesta cuyo estado de ánimo también influye; además hay probablemente 70 personas en la orquesta, 80 en el coro, la soprano, la mezzosoprano, en fin, cada uno con su muy particular circunstancia. Esto hace que cada función de ópera sea una premiere. No hay rutina. No puede haber dos iguales. 

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Entre las muchas satisfacciones que ha tenido, ¿cuál, entre todas podría decir que ha sido la más significativa?

Bueno, yo me considero una persona muy afortunada. Privilegiada es el término correcto en todos los sentidos… Primero, porque nací dentro del seno de una familia que supo en su momento comprenderme, darme todo el apoyo, todo el cariño y toda la ternura que necesité… Después, todo en la vida se me fue dando. He tenido siempre una maravillosa relación con mis colegas, con los directores de orquesta, con los directores de teatro… Soy un hombre muy bendecido. Sigo el consejo que alguna vez me dio el sastre del teatro donde canté en Nueva York, quien me dijo; “José, le voy a dar un consejo” –yo pensaba que me iba a instruir en cómo debía cantar, o cómo debía usar el diafragma– pero en cambio me dijo: “Nunca discuta con una soprano”… ¡y le he hecho caso! 


¿Sus padres viven? 

 No. Desgraciadamente, no. 


¿Lograron disfrutar y estar orgullosos de su éxito?

Mi madre no. Murió con 50 años y yo aún no había debutado. Estaba estudiando… Mi padre afortunadamente sí pudo, e incluso viajó conmigo en alguna ocasión. 


Momentos difíciles…

Bueno, hay uno particularmente difícil, que influyó no sólo en mi vida, sino en mi profesión… Fueron once meses en un hospital sufriendo una leucemia. Y posterior a ese tiempo, un tratamiento para un transplante de médula ósea. Un momento muy duro…


¿Cómo es su vida ahora?

De hecho, ahora soy muy feliz.

    Tengo una familia fantástica, cinco nietos, tres niñas de mi hijo Albert y dos chicos de mi hija Julia, desde cuatro y hasta doce años. Ellos son ahora parte muy importante de mi vida. 


     Hay otras cosas, tengo otras aficiones aparte de mi profesión: me gusta el arte, la literatura, los deportes, todo lo que sea creativo me interesa; la fotografía, el cine…


Hablando de cine… También ha hecho películas… y eso, tal como a usted le ocurrió con El gran Caruso, logra el acercamiento del público cinéfilo hacia el género operístico.

Sí. Fue una buena cosa haber hecho cine. Una actividad más de mi profesión. 


Le ha faltado venir más a México…

¿Sabe?, lo que realmente lamento es no haber cantado ópera en el Palacio de Bellas Artes cuando vine al entonces D.F. Ya lo veo un poco tarde…  Aunque en Bellas Artes he tenido la oportunidad de cantar distintas interpretaciones. Sin embargo, he visto y oído esas grabaciones de principios de los años 50… ¡Con María Callas!  Ahí ella canta una "Aída" y llega a una nota que no estaba escrita en la partitura, un Mi Bemol, que muy pocas sopranos han logrado alcanzar en una ópera.  


Sobre sus planes de canto, ¿hacia dónde van?, ¿y por cuánto tiempo?

Bueno, yo pienso cantar un par de años más… Tampoco es una fecha dead line… a partir de tal día, pero yo calculo que hasta el 2020. 


¿Directores que hayan impactado en su vida?

Hay varios, pero uno principalmente: Herbert Von Karajan. Mi relación con él inicia en el año 76 para el festival de primavera de Salzburgo. Después en el 77 y el 78 me contrató para Don Carlo, seguí con Aída en el 79, 80, 81… Tuve la suerte de trabajar con el maestro durante 15 años en Salzburgo, Viena y Berlín. Con él canté muchos conciertos de la misa de Réquiem de Verdi y muchas óperas, como Carmen, Tosca, Aída… Todo lo que hacía Karajan nos lo servía en bandeja de plata. ¡Eso sí que era hacer música, un gran privilegio!


    También Claudio Abbado ha sido sin duda un director al que he amado muchísimo y con el que he tenido una gran relación profesional y humana… Está Leonard Bernstein, con quien grabé la famosa West side Story y otros directores como Riccardo Muti, Lorin Maazel, James Levine… he tenido la suerte de poder ser dirigido por esta magnífica colección de genios. 


Y en el caso de las sopranos, con quienes “no discutió nunca”… ¿Hay alguna con la que se haya sentido más cómodo?

Con Montserrat Caballé. 


¿Agradecimiento?

También, pero aparte de eso, de verdad tenemos una magnífica relación profesional y artística. En el escenario se olvida el agradecimiento.

       También con Renata Scotto.


¡Qué hermosa vida ha tenido usted!

Sí. Lo reconozco…


Muchísimas gracias. Para nosotros ha sido un honor y un privilegio este tiempo con usted.

Un placer.  


Habríamos podido seguir…


¿Qué más nos puede decir?

El maestro amable y dispuesto… “Podríamos hablar de mil cosas, de sociedad, de deporte, de política, aunque en este momento es un poco difícil”… –nos dijo.  




    Sin embargo, lo dejamos ahí… ya habíamos robado mucho de este gran maestro, de su voz, de su vida y de su “suerte”.