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Por Vladimir Abba B. I 15/11/17 I

Península I

Negocios sustentables

— La experiencia en la economía azul, el paso adelante a la visión ecológica

Fue calificado por el gobierno de Barack Obama como uno de los 250 líderes jóvenes más influyentes en Latinoamérica por su impacto en el emprendedurismo innovador.


   Cancunense por adopción, el empresario Luis Alberto Martín del Campo Gómez se emociona cuando el tema se acerca a las nuevas formas de emprender los negocios conectados con el bienestar social y natural.

   Es integrante del Alumnado del Departamento de Estado de EU gracias a su participación en Young Leaders of the Americas Initiative (YLAI) en 2016. 

Desechos en alimentos

Luis Martín del Campo decidió en 2011 iniciar una empresa basada en lo que el economista belga Gunter Pauli llama economía azul. La particularidad de esta visión de negocios radica en aprovechar los recursos naturales abundantes de un sitio para transformarlos en alimento, empleo y sobre todo, en mejores condiciones de vida para la comunidad local.

       Luis Alberto inició un ejemplo de negocio de economía azul en Puebla, donde se cultiva café de calidad y en grandes cantidades.

        Estudió cómo la industria del café y las cafeterías desperdiciaban hasta el 98 por ciento de la biomasa del grano, contando desde la cosecha de la cereza hasta la taza caliente del desayuno.


    Descubrió que durante el beneficiado del café se echa a la basura la cáscara (pulpa) del fruto maduro, luego se desecha el cascabillo –cubierta que rodea a la semilla– y al final también se desperdicia el bagazo del grano molido resultante de la preparación de la infusión. Todo ello acaba descompuesto en los basureros y en el mejor de los casos utilizado como abono para la tierra. 

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Manos a la obra

Indagó cómo hacerse del polvo de café tostado molido que increíblemente después de usado continuaba siendo nutritivo. “Esto es alimento para las setas” pensó, siguiendo la propuesta de Pauli en su libro La economía azul, publicado en 2010.

    Utilizando este sustrato de café usado, Luis Alberto probó el cultivo con hongos “gírgolas” color perla, blanco y gris, luego probó con shiitake y ganoderma (setas), todas las especies funcionaron. Lo mejor; los hongos no solamente proveen nutritivas proteínas frescas, sino que las dos últimas variedades son inclusive maravillas medicinales. 


    La ruta de recolección de residuos de café sería en bicicletas para abaratar costos y ser coherente con el carácter de la economía azul.


   El resultado de esa investigación fue un kit casero llamado Sporah para crear alimento y medicina; residuos de café con esporas de hongos contenidos en una caja de cartón no mayor a un litro de leche. Faltaba activar el paquete regándolo con agua y listo. En una semana brotó un manojo de tallos blancos que al cabo de unos días se convirtió en setas comestibles. Proteína fresca cultivada en casa. Basura de cafeterías convertida en comida.

    Además, comenta Martín, una vez que el bagazo ha sido usado en el cultivo de hongos es también aprovechable como abono. Útil de principio a fin. 

            “No es cosa de efectos especiales: funciona”, dice aún sorprendido.


La economía azul

Esencialmente el objeto de la economía azul, explica Luis, es que toda empresa siga la eficiencia energética de la naturaleza, perfeccionada a través de millones de años mediante la prueba y el error. 


   “Apliqué esa filosofía de diseño a la empresa y encontré nuevas oportunidades de innovación, de negocio y crecimiento”.


     En su libro El sueño de México en el 2034, Luis Alberto propone el camino que ofrece la tecnología ya existente para hacer negocios sin realizar grandes inversiones. “El obstáculo actual ya no es tecnológico, sino organizar y dirigir la voluntad de todos hacia el bien común” plantea.

     El esquema va  más allá del tema ecológico, pues enseña “no solo a no contaminar, o reducir la huella y el impacto, sino a regenerar el daño” ocasionado al entorno.


    Adquirió una curva de aprendizaje que quiere ahorrarle a los demás, y para ello fundó el centro Kala Institute. “Una escuela para generar agentes de cambio”, explica.


   Actualmente trabaja con programadores del Instituto de Investigación Tecnológica de Quintana Roo, a quienes imparte el programa para aprender a trabajar, socializar y tener una mejor visión.


    “Antes de hacer cualquier trabajo de impacto debes mejorar la persona que eres”. “Si no eres una persona íntegra, si no eres congruente con los valores que quieres transmitir con tu trabajo, no haces nada diferente”.

   “Crear un nuevo modelo económico en el mundo requiere crear un nuevo modelo de ser humano” reflexiona. 

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Con Mari Carmen Aponte / Con la delegación mexicana YLAI

Con Mari Carmen Aponte / Con la delegación mexicana YLAI