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Por Catherine Marciano / Fotos: Vincenzo Pinto I 29/08/17 I

Lifestyle I

Raniero

— El sastre romano de los cardenales

 Con la “creación” de cinco nuevos cardenales en el Vaticano, el sastre italiano Raniero Mancinelli no para de cortar y coser prendas para los nuevos “príncipes de la Iglesia”.


    Conocido en todo el mundo, Mancinelli, de 80 años, ha visto desfilar a medio mundo por su pequeña tienda, ubicada a pocos metros del Vaticano. 


      A todos trata con gran familiaridad, tanto a la filipina indecisa que sopesa la compra del cáliz más barato como al joven sacerdote brasileño que adquiere metros de cenefa dorada o al irlandés que quiere un vestido litúrgico de talla única y tela brillante.


   El sastre Raniero Mancinelli, entre los más especializados, inclusive bromea con algunos de ellos.


    “Vas a ser el primer Papa negro”, le lanza a un obispo africano al que le está tomando las medidas. “Espero que no”, responde rápidamente el religioso.


     Sin embargo, detrás de las sonrisas, se palpa un cierto agobio. El sastre necesita tiempo para dedicarse en su taller y frente a la antigua  máquina de coser italiana “Necchi” de 1950, a confeccionar la vestimenta para cuatro de los cinco nuevos cardenales.


 “Esta es la Ferrari” de la costura, asegura orgulloso de su máquina de coser.

    Para elaborar la clásica sotana roja de cardenal, su roquete blanco con encaje y franja de seda roja, necesita al menos una semana.


  El tiempo apremia. Debe atender nuevos cardenales provenientes de El Salvador, España, Laos, Malí y Suecia. Algunos de ellos vinieron en persona a Roma con ocasión de la designación y aprovecharon para encargar el traje.


    “Siempre tengo que comprobar las medidas para ver si les ha crecido la barriga”, reconoce.


   La vestimenta cardenalicia, que en el pasado preveía más sotanas de seda y velos bordados a mano, es ahora menos pomposa, pero como manda la tradición, debe ser de color rojo sangre.


   La pieza clave, que simboliza la función de consejero del Papa, es la birreta, un gorro cuadrangular rematado por una borla del mismo color. 


   Cada nuevo “príncipe de la Iglesia” se arrodilla ante el pontífice para recibir el título, en uno de los ritos más solemnes y espectaculares que se celebran en la basílica de San Pedro. 


Una vestimenta más sencilla

“Ya no es como en el pasado, ahora todos adquieren justo lo básico”, explica el anciano sastre.


    “Con Francisco las cosas han cambiado, antes todo brillaba más, ahora se prefiere sencillez”, explicó el veterano artesano. La iglesia del papa Francisco no quiere ser identificada con riqueza y ostentación.


  Algunos prelados optan ahora por una cruz de madera, cuyos precios son inmejorables.

 

    Las prendas también se han simplificado a lo largo de los años, especialmente desde la década de 1960.


   La capa fue eliminada así como el sombrero plano y los zapatos con hebillas. Muchos optan ahora por un calzado normal e incluso los calcetines de color púrpura ya no son obligatorios.


      La sotana negra de uso diario ya no lleva los célebres 33 botones, sobre todo cuando el cardenal es bajito.


    La mayor hazaña de Raniero es haber equipado a 12 nuevos cardenales de un golpe. 

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